jueves, 23 de diciembre de 2010

Borges y los adjetivos

Borges decía que hay que usar los adjetivos lo menos posible, y si no se usan en absoluto, mejor. No era el único, muchos autores opinan lo mismo y creo que en clase Sensei Eva alguna vez ha comentado algo. Según esta teoría, el uso del adjetivo restringe el uso de la imaginación del lector y le resta riqueza léxica a la narración. Así no es lo mismo decir "la casa donde vivía era pequeña", en cuyo caso a la imaginación del lector vendrá su estereotipo de casa pequeña. Si lo sustituimos por "la casa donde vivía estaba compuesta por una cocina y un salón que hacia las veces de dormitorio donde a penas podía amontonar las pocas cosas que tenia", lo que hacemos es obligar a la imaginación del lector a ver esa casa, y con las pistas que le hemos dado, que su cerebro construya una casa pequeña. Además, el añadido de palabras podrá hacernos ganar mas dinero en caso de que cobremos por palabra escrita.
Con esto en mente, he preparado un ejercicio. He modificado un texto que tenia plagado de adjetivos, extirpándoselos prácticamente en su totalidad. Me gustaría que comentaseis si habéis apreciado alguna diferencia en el ritmo, la forma de lectura, las imágenes en vuestra cabeza, o cualquier otra cosa que se os ocurra.

Ejercicio sobre el dialogo.

- ¿Cuanto tiempo tenemos antes de la próxima salida? - Preguntó Ángeles a Ulises, que se había sentado en el bordillo de una acera de aquel pueblo.
- Lo siguiente es la procesión, a las doce, así que tenemos un buen rato. - Contestó Ulises con un ojo cerrado porque el sol le cegaba.
- ¿Has practicado alguna cosa?¿Te apetece repasar? -Preguntó ella con voz inquisitiva.
- Si, el solo del vals ¿Quieres ayudarme con él?
- Dale, a ver como lo haces.
Ulises colocó la caña en el clarinete intentando disimular sus nervios. Tocar delante de Ángeles y de sus doce años de experiencia siempre le daba miedo.
- La Fa Mi Re - comenzó a tocar.
- Oye, he estado leyendo lo último que has escrito. La verdad es que da mucha grima.
- Re Mi Fa Re Fa La Si
- Y creo que da tanta grima por que está bien escrito. ¿Nunca has pensado en escribir una historia de amor?
- La Sol Mi Re Do
- No, es Do sostenido ¿De verdad has estudiado?
- Si no me hablases a la vez, sería mas fácil. Y no, no he pensado en escribir historias de amor. Eso me parece una crueldad. Además, tampoco se nada sobre el amor.
- No jodas ¿Escribir de amor es cruel?¿Crees que la gente prefiere leer sobre violencia y soledad antes que sobre amor?
Ulises miró a Ángeles mientras pensaba lo que iba a decir.
- Un día te enamoras y la vida cambia, todo es mas bonito. El clima siempre es bueno, los chicles tienen mas sabor y el detergente lava mas blanco. Pero eso dura justo tres meses. Después te das cuenta de que a veces llueve y ya no es divertido mojarte, y que las manchas de carmín no salen con nada, así que hay que hacer algo, por que te gusta la otra persona de verdad. Y os vais a vivir juntos. Y una mañana te despiertas y la persona que duerme a tu lado es un desconocido, y las ilusiones de los últimos años se van a tomar por culo. Y recordar eso a la gente me parecería muy cruel.
- Oye, pues para no saber nada sobre el amor, parece que sabes mucho. - Dijo Ángeles sarcástica.
- La Fa Mi Re - Continuó Ulises - Además, que coño, si alguien te odia, te das cuenta en seguida, pero si alguien te ama es muy difícil saberlo. El odio no es tan cruel como el amor. Mi Do Mi Si La Sol
- Sol sostenido, el de la escala cromática, este - Dijo Ángeles cogiendo la mano de Ulises para colocarle los dedos sobre el clarinete - ¿De verdad no verías si alguien te ama aunque no te lo diga?
- No. Y tú tampoco.

martes, 21 de diciembre de 2010

Tu serás la única (Parte II)

El agente Rascón dudó un momento antes de llamar a la puerta del despacho del comisario. Cuando lo hizo esperó unos instantes hasta que escuchó que desde el otro lado le daban permiso para entrar. Saludó a su superior y este le hizo una seña para que se sentase, sin quitar los ojos de la pantalla de su ordenador.
- Vas a empezar a trabajar de paisano durante una temporada. Acompañarás a un detective en una investigación.
El agente Rascón no pudo evitar una alegría interior al imaginar que durante los próximos días iba a evitar patrullar las calles o hacer papeleo detrás de un escritorio.
-Así que vete a ponerte de bonito, que nos vamos a misa a que te bendigan el ascenso.
Aquello lo dijo una voz a su espalda que pertenecía a alguien a quien todavía no había visto. Cuando giró la cabeza vio al detective Gregorio Rojas debajo del marco de la puerta de entrada.
- Venga, anda, a ver si te espabilamos un poco. - Sentenció Gregorio.
Después de que el agente se quitase el uniforme y se vistiese con sus ropas de calle, los dos policías se dirigieron en coche hacia la iglesia donde Gregorio Rojas tenía una investigación en curso desde hacía una semana.
- Joder, Gregorio, si que se han dado prisa en volver a abrir la iglesia al culto.
- Pues al día siguiente de quitarle el precinto la volvieron a santificar. Que no está el negocio de los curas como para perder un solo día.
- ¿Vamos a interrogar a alguien?
- Vamos a hacer un repaso del caso. A ver, que tenemos hasta ahora.
- Pues nada. En el confesionario había dos juegos de huellas, una del muerto y otras desconocidas. También encontramos las mismas huellas en varios cajones y una puerta. En el lado del confeso encontramos docenas de huellas, así que no vale de mucho. El cuchillo estaba limpio. La familia del muerto no sabe quien le puede haber matado. Nada hace sospechar que esté metido en nada malo.
Mientras el agente Rascón contaba esto, los dos hombres fueron entrando en la iglesia y se colocaron en la parte de atrás, en un rincón que les permitía dominar la mayor parte del edificio.
- Te has olvidado del sacristán, que tampoco sabe nada.
- Bueno, eso no lo sabia ¿y ahora a quien esperamos?
- Estamos esperando, hermoso.
Los dos hombres quedaron callados en el silencio de la iglesia. La próxima misa era en una hora, y habría confesión y rosario media hora antes, asi que la iglesia permaneció vacía hasta que un cura apareció y se dirigió hacia el confesionario. Unos minutos después empezaron a entrar algunos fieles, que se fueron colocando en los bancos y una de las mujeres comenzó a dirigir el rezo. Otra de las mujeres se dirigió hacia el confesionario. Un rato después volvió a salir y se dirigió a uno de los bancos a cumplir la penitencia. Los dos hombres esperaron pacientemente a que acabase.
- Disculpe, señora - dijo El detective Rojas a la mujer mientras se acercaba a ella con la placa de policía en la mano - ¿ Me permite dos minutos para unas preguntas?
- Pero yo no se nada - Dijo la mujer
- No se preocupe, señora, aún no he preguntado nada, asi que todavia no diga que no sabe nada. ¿Conocía usted al otro Padre?
- Pues si, señor, un buen hombre.
- ¿Y sabe Usted si recibía visitas de alguien?
- Pues oiga usté, yo vengo, confieso y me voy, que no soy una cotilla
- Claro, claro. ¿Y alguien que sea habitual en la confesión?
- Pues los de siempre, oiga. Yo no conozco a nadie. Bueno, está esa mujer que viene mucho por aquí y que se toma confiancitas. Y luego su amigo, que tambien está mucho por aquí, y que es un poco rarito. Que oiga usté, a mi no me da buena espina ese hombre. Y ya no digo mas, que no soy una cotilla.
La mujer dio la espalda a los dos hombres y se marchó dejándolos con mas dudas de las que tenían cuando llegaron.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Noticia importante

Encuentro con Ray Loriga
22 de diciembre
miércoles, a las 20,30h
C/ Francisco de Rojas,2-2ºdcha.
Metro Bilbao o Alonso Martínez

Su nombre completo Jorge Loriga Torrenova(1967) escritor, guionista y director del cine español.

SSSSSnnnnnoSu esc

viernes, 17 de diciembre de 2010

Hasta que las campanas

Hasta que las campanas de pega de la parroquia no anunciaron las doce del mediodía no salió de su estado de estupor. Había pasado solo una hora desde el crimen, pero parecía haber olvidado el cadáver que se encontraba apenas a veinte metros de allí, en la cercana habitación. El cuerpo de quién había sido no solo su alma gemela, sino la persona que le había salvado literalmente la vida, nueve años atrás.

 

Salió renqueando del confesionario, con la sotana demasiado pequeña apretándole el pecho, sin asegurarse siquiera si algún feligrés podría verle.

 

Se deslizó sigilosamente en dirección a la habitación de vestir, y una vez allí cerró la puerta tras de sí. Observó quedamente el cuerpo de su amigo, en su extraña posición de caída, como si alguien adrede lo hubiera colocado así. Pensó si sería mejor volver a vestirle, pero lo descartó inmediatamente. Tenía el rostro de lado, ligeramente hacia abajo, con el pómulo derecho  tocando el suelo, de modo que no podía verlo desde donde estaba. Tendría que agacharse, pero permaneció de pie, impasible. El rostro semioculto y la desnudez del cuerpo le impidieron sentir piedad o algo parecido. Vestido solamente con los calcetines y los calzoncillos no se trataba de su amigo sacerdote muerto, sino de una figura algo irreal, que por su posición parecía querer ir a dar un paso adelante de un momento a otro, como la chica del anuncio de la televisión que dormida parece caminar, saltar y volar tendida sobre su cama. Debería, pero no se paró a pensar porqué desde que se había enamorado de Sonia, Carmelo se le fue haciendo irreconocible. Y ahora, alguien que le planteaba un problema de difícil solución.

 

Abrió los dos primeros cajones de la cómoda, sin propósito real, como obedeciendo una voz interior apenas audible, o tal vez imitando sin querer escenas de viejas películas de cine negro. No halló nada en ellos que le hiciera no cerrarlos. Echó un vistazo más al cuarto donde tantas veces había estado con Carmelo. Tardes enteras, esperando o hablando con su casi único anclaje con el mundo.

 

Era también el sitio donde había conocido a Sonia, hacía casi tres semanas. Era sábado por la tarde y ella golpeó levemente la puerta, susurrando "…Carmelo", "Carmelo…". No había dicho Padre Carmelo, o Padre, simplemente Carmelo. Al principio pensó que se trataba de un familiar, pero cuando observó la sonrisa en la mirada y en los labios supo que la persona que le estaba llamando era algo más que eso, en cierta  forma. Por lo que le había contado de su familia, le extrañaba que una visita de cualquiera de ellos le despertara una reacción así. Le había hablado de sus padres, Claudio y Berta. A su hermano Rafael, su cuñada Nuria, y sus sobrinos, Bruno y Emma, les conocía de las veces que le visitaban, en Navidades.

 

Relato Cura

El padre Carmelo avanzó unos pasos más antes de desplomarse, con la expresión en el rostro de quién ha visto que su mejor amigo y su asesino eran la misma persona.

A los diez minutos de la puñalada mortal su hábito vestía ya el ancho cuerpo del falso sacerdote, quien, ordenado el cuarto de vestir y escondida el arma en una hornacina, esperaba impaciente en el confesionario la llegada de la mujer.

 

Sonia se arrodilló en la desgastada tela del reclinatorio, y le habló a la silueta en la penumbra:

 

-         Padre… Buenos Días Padre. Perdóneme, me ha vuelto a pasar. He tenido otro momento de debilidad…un hombre.

Llevaba más o menos un mes sin confesarse. Se sentía confusa, pero su voz no sonó trémula.

-         Dime, hija mía, cómo ha ocurrido, El Señor sabrá escucharte-.

Impostó la voz cuanto pudo, pero supo que no podría engañarla.

-         ¿Padre Carmelo?.

La voz tan familiar, la cálida voz del Padre Carmelo no era la que le había contestado desde el fondo del habitáculo. La extrañeza le paralizó, y aún así se dispuso a levantarse, al sentirte atrapada.

-         No te asustes, hija. EL padre Carmelo está indispuesto. Yo te tomaré confesión. El Señor te escucha, adelante.

-         Pero…No, no, ya vendré otro día. Disculpe Padre, Gracias, vendré otro día.

-         Como quieras, hija. Lo comprendo. Ven cuando quieras. Estamos contigo, hayas hecho lo que hayas hecho. El Señor no te dejará de su mano.

 

La vio irse, con su abrigo azul y su andar de otro mundo. Se fijó en el pelo, el mismo del que se había enamorado hasta la locura. No le había reconocido. Para ella tal vez fue un romance más,  para él el único. Le había mentido. Le dijo que no se lo contaría a nadie.

 

jueves, 16 de diciembre de 2010

Reto

Dado que he usurpado el argumento del relato que leyó ayer en clase Javier, propongo algo a quien quiera recoger el guante.
Javier dejó un trozo de una trama que yo he comenzado por otro lado, contando la historia de la investigación, así que si a alguien le apeteciese seguir con otros hilos de la trama, como el asesino, el cura o la mujer, tendríamos un relato muy completo. Así que este es el reto: Si alguien escribe un trozo de otro de esos posibles hilos, yo seguiré con la investigación, y así hasta que haya algo completo.
Por supuesto, todos los hilos deben de ser coherentes entre sí.
¿alguien se apunta?