jueves, 3 de febrero de 2011

COSMÉTICA DEL ENEMIGO-AMELIE NOTHOMB




"Cosmética del enemigo"-Amelie Nothomb


Angust escucha el anuncio de que su vuelo sufre un retraso. Un inesperado interlocutor, Texel, le dará conversación a pesar de su manifiesta resistencia. A lo largo de su relato, la violación y el asesinato se irán perfilando con nitidez cada vez mayor y Textor se transformará en una abominable encarnación de los fantasmas de Angust.









“Acaba cada dia satisfecho. Has hecho lo qhas podido. Seguro que cometiste errores y que sucedieron algunos absurdos;olvidalos tan pronto como puedas.
Mañana es un nuevo dia;afrontalo con serenidad y la grandeza de espiritu suficiente como para superar tus antiguas tonterias” - Ralph Emerson Poeta americano
"El Destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos!"- Shakespeare

lunes, 31 de enero de 2011

El producto

No sé porqué me dio por entrar en El Corte Inglés aquella mañana (no soy especialmente aficionado a ir de compras, y menos pudiendo elegir no hacerlo), pero el caso es que aquel día, disponiendo yo de un par de horas libres (un aplazamiento inesperado en la cita con un cliente lo hacía posible), me encontré recorriendo los pasillos de la sección de perfumería masculina, distraídamente, ya que en realidad no necesitaba nada de lo que allí se ofrecía; se trataba solo de pasar el tiempo.
Mi oficina está bastante cerca, era una hora en la no podía coincidir con ningún compañero con el que tomarme algo en el bar de abajo, o simplemente charlar un rato, así que, sin otro propósito me propuse dar un largo paseo por la zona y regresar al trabajo justo a tiempo para la comida que ya tenía programada. Al llegar a las puertas de los grandes almacenes, como digo, sin saber muy bien porqué, entré.
De la sección de perfumería subí a la planta de arriba, que creo que contenía sobre todo electrodomésticos, y allí me demoré algo más, aunque de nuevo sin buscar nada en especial. Enfilé un pasillo que me pareció algo más largo de lo habitual, y que, al final, se ensanchaba en una especie de claro que me dio la impresión podía estar reservado a la exposición de aparatos de gran tamaño.
Continué por él, y fue justo cuando ese espacio más ancho estaba a unos pocos metros de mí cuando reparé con sorpresa en la mancha negra, de sorprendente perfección, que se hallaba ante mí, en el suelo. Me paré en seco. Parecía un círculo exacto, de un metro aproximadamente de diámetro. Si hubiéramos estado a cielo abierto, hubiera pasado por el punto donde, por ejemplo, un helicóptero en prácticas debiera aterrizar. Intrigado, avancé un poco más. La mancha resultó no ser tal, sino posiblemente un vinilo publicitario negro adherido al suelo por alguna curiosa promoción comercial, o tal vez una marca señalizando algún evento que tendría que tener lugar exactamente allí, pero en todo caso su apariencia cobró al acercarme más una extraña cualidad de espesura. Alcé la vista. Apenas había público. Algunos dependientes deambulaban entretenidos en quehaceres que parecían creados para disimular una general inactividad; otros simplemente permanecían quietos, en pie, en estado de relajada espera.
Al volver a mirar al suelo y acercarme hasta el borde del círculo no pude salir de mi asombro: lo que me había parecido una mancha o una señal circular negra en el suelo era en realidad un agujero. Estaba allí, en medio del pasillo de un centro comercial, como si tal cosa, sin un cerco de seguridad, ni indicación alguna. Me fijé con mayor detenimiento en él. Inmediatamente me sorprendió la absoluta oscuridad que llegaba del hueco, como si éste no condujera a lugar alguno, sino a simple más oscuridad.
Alarmado por mi descubrimiento busqué con urgencia un dependiente. A los pocos segundos (posiblemente al advertir mi desconcierto), una señora algo entrada en años, de aspecto forzadamente juvenil, me abordó:
- ¿Puedo ayudarle en algo?- Me miraba sin señal de alarma, pese a convivir en su trabajo con un socavón en el suelo por el que podrían desaparecer cuatro personas como ella.
Le conté lo ocurrido, y, llevado por mi propia excitación, la acompañé casi arrastrándola hasta el hueco, que estaba a solo unos pocos metros de nosotros, a la vuelta del pasillo.
Al llegar allí, sin embargo, su expresión se tornó en decepción:
- Ah, sí, el agujero. Está de muestra. Nos ha llegado esta mañana.- Su respuesta no pudo sonar más natural.- No sabía si estaba dentro de una película de ciencia ficción o dentro de un sueño.
- ¿Cómo que le has ha llegado esta mañana?, ¿Qué les ha llegado esta mañana?, -Temía que me respondiera que el agujero. Sabía a la vez que no había otra respuesta posible.
- Sí, perdone, comprendo su sorpresa. – Su mirada de preocupación significó para mi que un puente se intentaba alzar entre nosotros-
Continuó-
- Es un producto novedoso. Aunque lleva ya un tiempo vendiéndose, pero, la verdad, lo de traer una muestra, yo no sé si es buena idea…
- ¿Un producto?. Se me ocurrió al instante la idea de que no iba a poder dejar de formular preguntas.
En ese momento observé que llegaban hacia nosotros dos clientes, y, un paso por delante, el dependiente que les conducía. Al llegar casi a nuestra altura, oí el consejo del vendedor:
- Y lo pueden ustedes probar sin ningún problema, sin ningún compromiso. Ya les digo, hoy mismo nos ha llegado la muestra.- Una sonrisa de oreja a oreja coronaba su amable explicación. –la chica le miraba dudando, el chico parecía mas bien resuelto-Se dijeron algo entre ellos, en susurros. Yo permanecía a la espera.
Al final, con la sonrisa del dependiente en modo de espera frente a ellos, el chico habló:
- Sí, sí, yo lo pruebo. No te preocupes Cris, que yo lo pruebo. –Y, al dependiente-Es que es para su padre, pero quiere probarlo antes, y no se atreve.
- Bien, dijo éste. Muy bien, ya sabe, solo tiene que…dejarse caer…nada más
El chico sonrió al auditorio, (del que a causa de una mirada, ¿en busca de aprobación?, que me lanzó, me sentí incluido), y sin mediar palabra, saltó, perdiéndose en el vacío del subsuelo, sin dejar rastro de sí tras él.
Un silencio absoluto se apoderó de la estancia. Mi perplejidad no tenía ya límites. Aturdido, a punto de caer al suelo en estado de choque, me recompuse sin embargo lo suficiente para lanzar un desgarrador:
- Pero….¿Dónde…..está?.....
Me aproximé al borde del hueco, para buscar con la mirada un posible indicio de la presencia del joven que acababa de desaparecer antes mis ojos. Una oscuridad densa, implacable, fue todo lo que obtuve por respuesta
A mi horrorizada pregunta siguió mas silencio. El vendedor sonrió a su compañera, y se dirigió a mí, con aire de salvador
- Ah…ya veo... usted tampoco conocía el producto.
Su aire de suficiencia fue un aldabonazo a mi conciencia. Me rehice y luché por mi verdad, entrando en su campo de juego:
- Pues no, la verdad, no lo conocía, si tuviera usted la amabilidad de enseñármelo…-Era mas pánico que curiosidad lo que sentía cuando le seguí hasta la estantería. Me señaló dos tipos de cajas rojas, alargadas y mas bien planas, como del tamaño de una que pudiera contener una raqueta de tenis, del doble de altura la otra. Sujetando una caja pequeña me aleccionó:
- Sí, los agujeros los hay de dos tamaños: de un metro veinte y de dos metros de diámetro. Viene todo perfectamente especificado en las instrucciones. En realidad es muy fácil su manejo, solo hay que desplegarlo en el suelo, eso sí el suelo debe estar completamente liso y limpio y esperar a que se pegue. Una vez que se pega se puede usar durante veinticuatro horas, las veces que se quiera.
Cogí la caja. THE NEW BLACK HOLE, en letras negras, ocupaba la cara grande del envase, la única impresa. Abajo, en pequeño, Made In China. Una diminuta ventana de plástico dejaba ver de su interior un manual de pequeño tamaño en papel y un pliegue negro, que podría pasar por una cortinilla o algo parecido.
Aunque me pareció un chiste solo pensarlo, no pude por menos que preguntar cuánto costaba aquel artilugio. El vendedor sonrió, y, como ensayando una estudiada expresión de complicidad, me informó:
- 40 euros el pequeño y 55 el grande. Lleva un 10% de descuento ya incluido.
El hombre me estudió detenidamente, con cierta expresión de extrañeza en su mirada.
- Es curioso, no ha hecho usted la pregunta que hacen todos.- Se quedó callado, esperando posiblemente mi respuesta natural, pero mi silencio hizo el mismo efecto- No ha preguntado usted dónde van los que caen en el agujero.
Tenía razón. El propio desvarío de lo que me estaba pasando empezaba a nublarme el juicio. Se lo pregunté sin palabras, implorándole piedad- El esperaba. Finalmente habló:
- No se asuste usted. Parece asustado, no se asuste. Yo comprendo que para alguien que aún no conoce el producto…le pueda parecer todo de lo más extraño. Bueno, extraño es, desde luego. El problema con esto es que funciona solo el boca a boca. Con productos como este no se pueden hacer campañas de publicidad., digamos, normales, usted comprenderá.- Miró alrededor, como si alguien pudiera oírle, indebidamente. Pareció que se iba un poco del asunto, le insistí:
- Ya, pero…¿dónde van los que caen?
El me miró:
- Bueno, no se sabe. Es decir, no lo recuerdan cuando vuelven.
Todo empezaba a parecerme con cierta lógica dentro del absurdo. Concluí:
- Vale. Y ¿Por dónde aparecen?
El vendedor, al que le faltaba el dedo meñique de la mano izquierda, pareció recobrar la compostura. Era la pregunta que enderezaba todo de nuevo, era la pregunta que todos los compradores le hacían.
- En fin, todo eso no se lo puedo decir. No debo decírselo. Forma parte del juego. Como amigo, podría, como vendedor, no. Llévese uno, y pruébelo en su casa.
Quería dar por terminado el asunto. Además el tiempo se me echaba encima. Cogí un paquete de los agujeros más pequeños y, con un asentimiento como única señal, hice que me acompañara hasta el puesto de cobro, donde lo aboné en metálico.
El resto de la jornada hasta poder probar el dichoso agujero transcurrió como un intervalo nimio, un pasatiempo lento y pesadamente normal, a pesar de que en la comida se trataba un asunto importante, relacionado con mi futuro profesional.
Por fin, a eso de las cinco llegué a casa. Ni siquiera me quité los zapatos. Nerviosamente abrí la caja y separé cuidadosamente los dos únicos elementos que contenía: una tela negra plegada, que al abrirse cuadruplicaba su tamaño por efecto de la torsión que se obtenía gracias al borde metálico que la circundaba, y el manual que ya había visto, y que me senté detenidamente a leer.
Tras diez minutos de lectura pensé que estaba preparado. La lectura del folleto me había convencido. Coloqué con cuidado el liviano objeto en el medio del salón, y, sin pensarlo más, salté.

El ladrón de almas

Ahmed estaba contento. Su negocio iba cada vez mejor. Desde que volvió de Madrid sus ingresos no paraban de crecer. Que lejos había quedado la gran ciudad. Ahora en la plaza Jamaa el Fnà en su Marrakech, su Marrakech natal, había instalado su pequeño puesto. Su abuelo estaría orgullosos de el! Un rótulo le bastaba para que cada noche miles de paisanos se amotinaran a su alrededor. “Vendo almas” rezaba el cartel rojo iluminado instalado allí, en mitad de la oscuridad.
Esa noche la plaza hervía. Hacia buen tiempo y todos los moradores y turistas de la ciudad estaban allí. Unos paseando, otros hablando, otros mirando y alguno comprando. Allí se podía encontrar de todo: sueños, cuentos, músicas olvidadas, recetas mágicas, serpientes encantadas y desde hacía un mes almas. Almas traídas de la viaja Europa y que te hacían mas fácil la entrada al mas allá. Almas baratas, almas blancas, almas negras, almas para todos los gustos.
A media noche se acercó un turista curioso. Sin mirarle a la cara ojeó el álbum, pasó las hojas una a una observándolas divertido pero cuando llevaba unos minutos manoseándolo, levanto la mirada y con ojos inquisitorios le dijo:
-¿Combiem monsieur?
-Cincuenta dirhams señor
-Habla usted español
-Si señor, yo saber un poco
-Ya veo ya, y esto ¿que significa?
-Almas, señor, almas entrada paraíso, señor, pero no interesar, usted no creer almas
-Si, si me interesa…!no me lo puedo creer!
-Cincuenta dirhams señor…pero no…
-Pero nada! este soy yo!¿pero que coño hago yo aquí?
-¿Como dice señor? no comprendo
-¡Que este de aquí soy yo!
-Usted no, no usted no, alma, alma para paraíso
-Pero que ¡soy yo!
En ese momento Ahmed comprendió lo que estaba pasando. Entendía perfectamente el español y la situación. Era el, si podía ser que fuera una de sus victimas. Y ¿qué podía decir en ese momento? Ahmed se quedó callado, mirándole sin saber que decir ni que hacer. Comenzó a inquietarse, a sentirse incomodo, a sudar, a pasarse la mano por el pelo.
-Cincuenta dirhams señor
-¡No puedo creerlo! Estas vendiendo fotos, fotos de gente desconocida, fotos que has robado…pero…espera ¡ya esta! ¡Eres el ladrón del fotomatón! ¡Eres tu! ¡el del periódico!
-Cincuenta dirhams señor
Ahmed sudaba, retorcía sus manos, sus pensamientos se amontonaban en su cabeza, nunca había pensado que esto pudiera ocurrir. No, no lo había calculado, por lo menos estaba en su país. Nada podía pasarle. Comenzó a mirar a uno y otro lado. Vio a la policía al fondo de la plaza -tranquilo Ahmed, no puede pasar nada, no has hecho nada malo. Son solo unas fotos, eso no es un delito- Tragó saliva, se volvió a tocar el pelo y volvió a decir:
- 50 dirhams señor, salvación alma
- ¿Como? ¿Me estas diciendo que me quieres vender mi propia foto, que me has robado por 50 dirhams?
- La prisa mata señor, yo no tener prisa…45 dirhams, señor y no hablar mas.
En su cabeza comenzaron a pasar imágenes, imágenes del pasado, de sus comienzos como ladrón de almas.
Una tarde de vagar de un sitio a otro, pensando en los suyos, pensando en el abuelo y el alma, años oyendo esa canción: -no dejes que un turista te haga una fotografía, se llevará tu alma- parecía que le estaba oyendo- El alma, Ahmed, el alma, lo único que nos quedará en el paraíso, ¡consérvala siempre! - cuando de repente allí en la estación de Sol, apareció la maquina gigante que decía: “fotos en 5 minutos”. Alucinado, corrió la cortinilla, miró dentro, observó la silla móvil para acomodarse, el objetivo, la ranura que pedía euros, fotos y mas fotos, e impulsado, sin saber muy bien porqué, metió un par de monedas y esperó.
Zas! Un fogonazo deslumbró sus ojos. Esperó. No salía nada pero una voz le dijo:
- Sus fotos estarán en 3 minutos, por favor espere. Gracias
Salió inquieto sin saber que iba a encontrarse. Y por arte de magia allí apareció su cara repetida ocho veces. Las miró, se las acerco mas, se las llevo al corazón, volvió a mirarlas.
- ¡El alma, el alma, abuelo, abuelo, tengo mi alma!- y ¿ahora que hago? ¿Y si la pierdo? No, ¡no! ¡Por Alá!, ¡no! Se guardo las fotos nervioso en el bolsillo interior de su chaqueta y entonces se le ocurrió.
Almas, si almas, puede ser un buen negocio. Venderlas, en Marruecos, ¡si!, triunfaría la idea…muchas almas si…podría venderlas bien baratas…y ¿que pensaría el abuelo de esto? El se fue al paraíso solo con su alma pero si hubiera tenido la oportunidad se hubiera llevado otras para salvarlas también, ¡estaba seguro! ¡Que Alá le tenga en su gloria! Y entonces esperó delante de la gran maquina.
Su primera víctima le costó unos gritos y una carrera por las escaleras. Un chico alto, de aspecto cuidado se deslizó tras la cortina negra. Ahmed espero al lado, paciente, en tres minutos, allí estaba su alma perdida, sin dudarlo, la cogió y echo a correr. Tras él salio el chico que le había visto de refilón
- Eh! ¡Tú, dame eso! ¡Es mío! ¡Son mis fotos!
Fue inútil Ahmed era rápido
-¡Abuelo! ¡Ya tengo una!- fue lo primero que pensó la llegar arriba.
Y así dio comienzo su periplo de estación en estación, día tras día. Había días buenos, días malos, días en los que conseguía hasta veinte victimas y otros ninguna.
Tres meses después vio la noticia en un periódico “El ladrón del fotomatón”. Entonces, cuando además sus problemas con inmigración comenzaban a aumentar, decidió volver a Marruecos con su maleta repleta de almas. En Madrid dejó a Alí, su socio desde que le inició en el oficio. Este se encargaría de abastecer el negocio en el futuro.
--¡Eh, eh! ¡Oye! ¿Te has quedado atontado? Te estoy diciendo que soy yo, que se quien eres, y que me voy a llevar esto porque es mío
Ahmed reaccionó:
-Señor, perdón, estaba lejos! Cuarenta dirhams y tuyo
-No, no has entendido…nada
-Marroquí bueno, almas buena, marroquí negociar…treinta dirhams
-¿Pero que te has creído amigo? Es mío, voy a ..
-No enfadar Ahmed bueno, ¿veinte dirhams?
-Me la llevo ¡Me pertenece!
Sus dedos rompieron el plástico con rabia y salió corriendo con las fotos.
Ahmed que continuaba sudando y con el corazón acelerado sopesó la situación , ¡Maldito español! ¡Se lleva un alma para tirarla seguro!!No la quiere para nada!
-Ahmed ¡tu puedes salvarle! oía al abuelo decirle en su cabeza.
Entonces sin pensarlo más gritó:- ¡Me ha robado! ¡El español me ha robado! ¡Atrapadle!
En un minuto la plaza se le echo encima y cuando estaba reducido en el suelo Ahmed se acerco, y le dijo:
- Amigo, Ahmed bueno, voy a salvar tu alma por cincuenta dirhams. Toma el dinero y devuelve la foto.
Sin poder moverse y sin mas opción cedió y le dio el papel satinado, permaneciendo en el suelo mientras miles de ojos le observaban.
Ahmed la guardó junto a la suya y prometió llevársela a Alá el día que le llamara .La había comparado por cincuenta dirhams. Estaba perdonado.

¡Vendo almas, vendo almas! se volvió a escuchar después de media hora en la plaza Jamaa el Fná.

domingo, 30 de enero de 2011

Una historia de amor (sin sexo ni amor)

- No voy a escribir mas historias de amor.

Eva me mira desde el otro lado de la mesa.

-Pero este concurso está muy bien.

En el fondo se que lo hace por mi bien. Quiere que yo gane algún concurso, que se publique un libro con mi foto en la solapa, que tenga una caja en un periódico local.

- Me he dado cuenta de que prefiero no escribir historias de amor.

- Tú siempre te has tomado esto como un trabajo. Te sientas, escribes durante dos horas y sigues trabajando tus historias hasta que están bien. Así puedes escribir sobre cualquier cosa.

Enciende un cigarrillo con una cerilla que tira distraida a algún sitio.

- Escribir historias de amor despierta muchos fantasmas y no me apetece volver a pasar por eso.

- Bueno, pues bien. Alguna gente dice que las musas no les hablan. Tú en lugar de musas tienes fantasmas ¿que mas da quien te inspire?. Además, yo pensaba que tu inspiración era el trabajo.

- Si, pero el trabajo es un aquelarre para atraer la inspiración, y hablando de amor, la mía viene con fantasmas. El problema es que cuando el trabajo a acabado, los fantasmas se quedan una temporada. Te voy a contar algo. Escribir sobre cualquier cosa es fácil, solo hay que mirar al entorno, leer un periódico o un libro de anatomía. Pero el amor va por dentro. No se puede escribir sobre amor si no lo has vivido.

- Bueno, no te pongas así, - me dice cogiéndome la mano - te invito a una copa. Quiero presentarte a alguien.

Vale, al menos voy a sacar un par de copas gratis, aunque tenga que conocer a alguno de los amigos de mi futura editora. Busca en su enorme bolso y saca un teléfono. Marca un número y espera.

- ¿Dudu? ¿sigues en la oficina? Pues mira, voy a estar en "el oratorio" con “ya-sabes-quien”, por si te quieres pasar.

"El oratorio" es uno de los lugares mas sórdidos de la ciudad. No creo que yo mismo fuese capaz de entrar allí sin compañía. Bueno, veremos que me tiene preparado.


Pido un gin tonic sin dar marcas, aqui las etiquetas no valen de nada, ni si quiera espero que me pongan una raja de limón. Eva pide un cubalibre. Charlamos de intranscendencias mientras contribuimos a la cantidad de humo en el local, ella fumando cigarrillos compulsivamente y yo con un puro corriente que compro en cajas. Odio fumar a partir de las ocho de la tarde, pero no me gusta estar con alguien que hecha humo mientras que yo me limito a respirar lo que me pongan. Veo que hace un gesto hacia la puerta, y me giro a mirar. Veo a un tipo alto, joven, gordo, soltando una gran risotada, y empiezo a rezar para que ese no sea Dudu. Detrás de él aparece una mujer menuda abriéndose paso entre la gente para tratar de llegar hasta nosotros. No se en que momento se ha llenado el local.

- Dudu, te presento a tu “ya-sabes-quien”.

Nos damos los dos besos de rigor para a continuación ignorarme tratando de ganar la atención del camarero para que sirva un destornillador con zumo y no con refresco. Una vez conseguido su objetivo se disculpa y se integra en la charla, encendiendo un cigarrillo.

- Así que tu eres el que ha escrito todos esos cuentos.

Si señora soy yo, y ahora mismo sabes mas de mi que yo de ti, y esas cosas siempre me han incomodado.

- Pero dice que ya no quiere escribir mas historias de amor. Dice que le sientan mal.

- Y muy bien que haces, si con eso no te sientes a gusto, busca otros temas.

Dice esto mientras se coloca el pelo detrás de la oreja usando el pulgar. Los dedos índice y corazón los necesita para sujetar el cigarrillo. Tiene una melena un poco por encima de los hombros, lisa y muy negra. Una luz blanca de un foco hace que tenga reflejos violáceos. Hablamos sobre la creatividad y sobre la dificultad de combatir una batalla a espada. Nos pedimos otra copa y hacia la mitad me doy cuenta de que Eva se ha marchado a la francesa. Seguimos charlando sobre la literatura en el cine hasta que vaciamos los vasos. El local se ha llenado aún mas y ahora estamos hablando casi nariz con nariz. Eso también ayuda a que nos oigamos, ya que la música está muy alta. Me mira a los ojos y me propone ir a otro sitio. Me fijo que los suyos son castaños, de un color muy común, pero con un brillo de vida que podría matar a un vampiro. Salimos de ese sitio y me dice que vayamos a un bar que ella conoce y que a esas horas no debe tener mucha gente. Empezamos a andar y pasa su mano por debajo de mi brazo. En el silencio de las calles puedo oir el eco de sus tacones. Con los zapatos puestos es mas o menos como yo de alta.


Llegamos al otro bar y veo que llevaba razón en lo de la cantidad de gente. Saluda al camarero por su nombre y me pregunta que si el gimlet me gusta con vodka o con ginebra. La digo que con ginebra, aunque ella lo prefiere con vodka.

Después del primer trago, la pregunto porque la llaman Dudu.

- No quieras saberlo todo, cowboy.

Nos acabamos las bebidas en dos minutos, o puede que fuesen dos horas.

- Me voy para casa, tengo que cojer un avión en 5 horas y necesito lavarme el pelo.

Vale, que le vamos a hacer, todo el mundo sabe lo que significa esa excusa. Es una lástima, porque empezaba a gustarme.

- El viernes estoy por aquí, así que si te apetece podemos tomarnos unas copas, o cenar en algún sitio.

Sonrío y asiento. Como despedida me da dos besos justo en la comisura de los labios y la veo marcharse con el sonido de sus tacones resonando en mi corazón.

- Marinero.

Me vuelvo, es ella desde la distancia.

- Me llaman Dudu por que mi madre me bautizó Eduarda, pero si se lo dices a alguien tendré que matarte, y no serás el primero.

Llego a casa y enciendo el ordenador.

"La conocí en el bar mas sórdido de la ciudad".

El personaje invisible (Luis y Mariano)

Después del ejercicio de Eva en el que modificaba el juego del amigo invisible para que en lugar de regalos, enviasemos mails escritos por personajes, aquí os dejo el mail que yo envié como personaje y la respuesta que recibí de mi "víctima", que fué Mariano. La verdad, no se quien es mas personaje. Disfrutad con la respuesta.

Señor;
Le observo desde la distancia cada dos días cada semana. Me llamo Ulises Plutón
y soy un personaje en busca de autor. Aunque ya elegí uno en su momento,
nunca está de mas tener a un segundo escritor por lo que pueda pasar, y
usted, caballero, parece que tiene buen olfato para dirigir una historia.
Además, debemos tener aproximadamente la misma edad, solo espero que usted
haya viajado tanto como yo, y si no, da igual, por que nunca he creido que
un buen escritor necesite salir de su despacho para vivir algo.
Tambien espero que no haya pasado tan mala vida como la que yo he pasado,
aunque le aseguro que no cambiaria ni un solo minuto de todo lo que he
pasado por tener una vida mejor y mas comoda. He de decir que la mayoria de
los malos momentos que he tenido los he buscado yo mismo.
No me pregunte por mi profesión. Como dijo un amigo, si tengo dos manos,
dos piernas y una cabeza ¿para que elegir?, aunque si quiere saber mas, debo decir que estudié contabilidad, y que mi primer trabajo fue de marinero en un buque mercante.
Tiene usted que saber que siempre he sido el primero en
pegar, y siempre lo he hecho duro. Nunca he dejado a un amigo abandonado,
jamás se me ha pasado un buen negocio y solo he apretado el gatillo cuando ha sido necesario. Mi educación me ha exigido que
intente acostarme con todas las mujeres que he conocido, sobre todo para
evitar que ninguna se sienta mas fea que las demás. Aunque si hay algo de lo que me arrepiento es precisamente de esto mismo.
Y este, caballero, soy yo.

Ulises Plutón.


Respuesta de Mariano.


BUENOS DIAS ULISES

Segun pasaba el tiempo y nadie me escribia me recordaba la novela de Garcia Marquez " Al del taller no tiene quien le escriba". Lo que nunca pense que se
hiciera desde Grecia. Coincidimos en el amor hacia la mar. Te voy a contar una historia. Cuando comencé a trabajar, me encontre en el Taller de la empresa una

bicicleta acuatica, me contaron su historia. La llevaron al Lago de la Casa Campo cuando se pusieron a dar pedales se hundió,claro era de hierro. Esto me dio

Malaspina " Que gran Navegante y Persona " . Como dicen que los marineros son muy supersticiosos, deje pasar este oficio.

En cuanto a lo que me cuentas, que siempre has sido el primero en pegar. Te dire que yo en cambio, he tenido que correr para que no me pegaran.

Con respecto a las mujeres tengo que descubrirme, me ha causado cierta intranquilidad que te recito en este verso

Vivo sin vivir en mi
que locura que frenesi
que pecado cometi
que no pude ser asi

Aunque creo que se podria arreglar Ulises. Me podias enviar un curso de Pesas y posturas, los muebles a levantar los pongo yo. Este verano voy a la Playa al Norte y me gustaria lucir biceps. Vosotros ireis a la Playa con el Disco para seducir a las jovenes. Nosotros somos mas sencillos y no llamamos tanto la atencion , y llevamos boina, es mas de la tierra..
Tengo que despedirme, no se si habré contestado Ulises a tu agradable escrito, se despide atentamente un futuro Atleta

P.D. No se te olvide de enviarme el Curso