martes, 28 de diciembre de 2010

Un libro (La Catrina)

Ayer por la tarde me acerqué a la Casa del Libro para buscar un ejemplar que un buen amigo mío me había aconsejado efusivamente adquirir, aunque he de reconocer que desde el principio este asunto me resultó de lo más extraño.
Digo esto porque, a pesar de mi insistencia, no conseguí sacarle a mi amigo el título del libro que debía buscar, ni el nombre del autor. No es que no se acordara, que nunca lo hubiera sabido, o que simplemente, al tratarse de una sorpresa, no quisiera decírmelo; lo que ocurría es que, según él, era un libro sin titulo ni autor, y me decía esto como si fuera lo más normal del mundo. Por otro lado, habría que añadir que los únicos libros que le visto leer han sido los de las instrucciones de los muchos aparatos de todo tipo que acumula en su casa.
Para compensar esa incertidumbre me dijo que de todas formas no tenía pérdida ya que era expedido con total normalidad en la planta última de la tienda, que, dado el bombazo que había supuesto su publicación, la habían habilitado en exclusiva para su venta.
Cuando llegué al vestíbulo, descubrí con desánimo que el ascensor se había estropeado. Inicié la ascensión intrigado en parte pero casi convencido de que todo se trataba de una broma de mal gusto.
Al llegar a la que siempre ha sido la última planta, un cartel bastante chapucero indicaba que debía seguir subiendo, que la venta continuaba, pero una planta más arriba.
Subí, por tanto, hasta una especie de ático que no tenía ni idea que tuviera la casa del Libro. Entré.
Un Señor bastante mayor salió a mi encuentro nada más traspasar el umbral. No llevaba el archiconocido chaleco verde con el logotipo de la L en amarillo serigrafiada. Parecía conocerme.
- ¿Viene usted a por el libro?- me espetó- como si todo el destino de mi vana existencia se redujera a ese encargo.
Le dejé hacer.
- Sí. Vengo a por el libro.
- Por aquí, por favor.
Le acompañé hasta una pila de libros iguales que copaba una vieja mesa maciza que ocupaba el centro de la estancia. Parecían a punto de derramarse por todos los lados, y, del difícil equilibrio que formaban, como una escultura cinética o el viejo juego del mikado, cogió uno, y me lo tendió.
Iba a hablar, pero el hombre se me adelantó, y con un gesto dulce y firme a la vez, me despachó del lugar.
En la parada del autobús abrí el libro como si se tratara de aquel que describía sin margen de error como elaborar el elixir de la eterna juventud. La cubierta era de tapa dura, de un rojo intenso, y el grosor mediado, pero de escaso peso. La primera página resulto no ser de papel, sino de plástico plateado, como el que se usan en algunos libros infantiles a modo de espejo, y en ella vi reflejado mi rostro, difuminado.
Perplejo, pasé la página, donde había impresa una única palabra, al principio: hola. La siguiente estaba vacía.
Creyéndome dentro de un sueño pasé de nuevo página y leí: No, no pases de página, respóndeme primero. Lo mismo decía en las dos siguientes.
Atribulado, infundido de ese miedo impreciso de ser presa de un delirio o de una alucinación, pasé el resto de las páginas como si de un abanico se tratase, igual que hacíamos de niños con aquellos libritos que al pasar las páginas a toda velocidad se formaba una imagen en movimiento. La frase que leí en esa secuencia fue: ¿quién eres?
Cerré el libro. Lo dejé en el asiento de al lado. Cuando me bajé observé que un niño lo estaba ojeando curioso.

lunes, 27 de diciembre de 2010

En Paz (Amado Nervo)

En paz


En paz
Artifex vitae, artifex sui

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales coseché siempre rosas.

Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

sábado, 25 de diciembre de 2010

Tú serás la única ( Parte III )

Desde un ángulo del oblongo ventanuco que comunicaba la sacristía con la Avenida de la Albufera Julián advirtió que la cadencia de los autobuses de la EMT era mayor de lo que creía.
Antes de abandonar para siempre a su antiguo amigo se llevó de una pila de libros y revistas que había en una silla lo que le había regalado a Carmelo en su último cumpleaños: una antología de poemas de Blas de Otero. En la primera página Julián había escrito: Felicidades, espero que cuando leas el poema 14 me regales tú un paseo po el Retiro.
Sabía que era un error, pero aún así se lo metió en el bolsillo de la sotana. Quizá esperaba aún ese paseo, de una forma u otra.
Atravesó la iglesia por el lateral contrario a la dirección por la que iban entrando los fieles y, una vez en la calle, el golpe de luz le hizo mirar hacia abajo.
Cuando llegó a la marquesina había tres personas esperando, pero no creyó reconocer a nadie en ellas. La señora mayor que por su expresión parecía que era quien llevaba mas tiempo esperando le miró un instante, o eso le pareció, porque al momento dijo: Ya viene el 102.
En él llegó hasta la estación de Atocha, desde donde pensaba poder coger un tren esa misma tarde.
No había tenido tiempo apenas en pensar en lo que había hecho, aunque seguía pensando que Carmelo se lo había buscado. Se empeñó en seguir con Sonia, y Sonia solo podía ser suya.

jueves, 23 de diciembre de 2010

SOBRE “ LA CARRETERA”, de Cormac McCarthy

Esta es una historia de amor y vida, que transcurre en un escenario de odio y muerte. El escritor nos acerca, a través de su magistral técnica narrativa, a un mundo que ha regresado a sus orígenes más animales, donde el único sentido es el del puro y simple instinto de supervivencia.
La oscuridad, la devastación, los grupos nómadas que practican el canibalismo y una atmósfera tóxica casi irrespirable, conforman un fresco que se nos presenta, a través de las precisas pinceladas del autor, en un escenario que recuerda a las más negras pinturas de Goya.
Esta descripción brutal, dantesca, llevada a las páginas con desapasionado y descarnado realismo, solo se rompe con los diálogos escuetos, a veces casi telegráficos, pero llenos de amor, aunque también de desesperanza, de las figuras centrales en la trama de la novela:
el padre enfermo y su hijo, al que trata de salvar por medio de una búsqueda incierta, que se convierte, a la vez en hilo conductor de la propia narración, en motor que lleva al padre a no sucumbir al abandono y la muerte.
Se trata, según sus propias palabras, de llegar al lugar donde " están los buenos", una búsqueda de personas afines, a los que la penuria y la catástrofe ( cualquiera que haya sido ésta ), no ha conseguido reducirlos al nivel de bestias.
El padre, a través del cuidado y del amor por el hijo, lleva " el fuego " allí donde la reconstrucción aún es posible. En esta historia, al revés que en el relato bíblico, es el padre el que sacrifica su vida por el mundo, el que convierte al hijo en nexo con el mundo de la luz.

Apostillas en los dialogos

Hoy he estado discutiendo durante una hora y cuarto un detalle en un relato. Mi interlocutor decia que las apostillas en los dialogos rompen el ritmo, y se quejaba concretamente de una que a mi me parece crucial en el relato, así que estamos ante un caso de lo que tiene el autor en la cabeza y la imagen que consigue dibujar en la cabeza del lector. Son simplemente cinco palabras que han dado para setenta y cinco minutos de discusión. A continuación dejo el relato en cuestión y marco en negrita la apostilla de la discordia. Ya me contareis.




“Va uno andando por la calle con dos bolsas de basura y se encuentra con un amigo, y le dice “hombre, como te va la vida, pero chico ¿donde vas con dos bolsas de basura?” El tipo que estaba atado a la silla había dejado de escuchar en ese momento. El chiste no parecía demasiado bueno y el gordo de puños grandes no lo estaba contando muy bien. Una gran risotada le devolvió al mundo. Si odiaba algo era la gente que se reía de sus propias gracias.
- ¿No te ha hecho gracia? Riete un poco, anda, que no me gusta matar a gente triste.
- Perdona si no me río, pero es que me has partido los dos labios.
El gordo se encogió de hombros justo antes de montar la pistola.
- Aunque no te rías, supongo que te ha hecho gracia ¿verdad?
- Un chiste no me va a hacer feliz, si eso es lo que te preocupa.
El gordo puso una mano sobre la otra colgando en frente de su cuerpo y ladeó ligeramente la cabeza.
- ¿Y que puedo hacer yo que me lleve dos minutos y que te haga realmente feliz para que mueras contento?
- ¿en serio? ¿de verdad quieres saberlo? pues te lo cuento, hombre, y oye, si te aburres, me pegas un tiro y listo. Veras, llevo mucho en este negocio, así que muchas veces me he planteado como quisiera morir, y la verdad, nunca he llegado a ninguna conclusión. Aunque si algo he tenido claro es que nunca he querido morir en una mierda de almacén de chatarra como este. Pero ahora que lo pienso, no estaría mal morir mirando a las estrellas. ¿Por que no me matas ahí fuera?
El tipo gordo sonrió y meditó durante un segundo.
- No creo que se vean muchas estrellas desde aquí. Hay mucha luz.
El tipo de la silla intentó colocarse de la forma mas cómoda que encontró, pero los alambres con los que tenia atadas las manos le hacían mucho daño.
- Es octubre así que tendremos a Orión encima de nosotros. Tiene tres de las estrellas mas brillantes del cielo. Además ¿por que no lo intentas?
El gordo colocó la pistola en su funda debajo del sobaco y sacó al patio la silla con el tipo delgado y enjuto sentado en ella. Después volvió a entrar en el almacén para apagar las luces del gran patio que servía para almacenar restos de coches. Cuando volvió a salir llevaba la pistola en la mano otra vez.
- Ahí está. ¿ves esas cuatro estrellas encima de nosotros formando un cuadrado, con tres estrellas en linea dentro? eso es Orión ¿No te parece precioso? - Dijo el tipo enjuto sonriendo
- Yo es que de estas cosas no entiendo.
Contestó el gordo justo en el momento en el que levantaba la pistola para colocarla en la coronilla del que estaba en la silla y disparar una sola vez. Miró un momento al cielo, después de dirigió hacia el tanque donde se guardaba el aceite de motor usado donde tiró la pistola y luego se fué hacia la gran puerta del patio de desguaces. Antes de salir volvió nuevamente su cara hacia Orión.
- Joder, pues si que es bonito.

Una noche (sin adjetivos ni gerundios)

La puerta la abre una mujer de unos treinta años con una melena pelirroja que cae sobre sus hombros haciendo blucles. “¿Mamen? Hola, soy el amigo de Coke” digo con una sonrisa. Me invita a pasar a su casa. “Coke llegará tarde, pero estás en tu casa ¿quieres beber algo? yo voy a tomar un cosmopolitan”. Se lo agradezco y me siento en un sofá en el que, de sentarse dos personas, estas tendrían que tenerse mucho cariño. Cuando se dirige a la cocina veo que luz hace que su pelo tenga reflejos de distintos tonos de rojo cuando mueve la cabeza. Viste una falda negra de tubo por la rodilla, unas medias negras con costura, una camisa de hombre y un chaleco de lana gris.
- Perdona, no me he quitado los zapatos al entrar - digo al ver que está descalza.
Se mira los pies y sonríe, abre un armario y saca unos zapatos de charol rojos, planos. Se disculpa y dice que con las prisas olvidó calzarse.
Puedo ver como prepara los cocktail detrás de la barra de la cocina americana y la ofrezco mi ayuda. Ella hace la mezcla y yo agito la cocktelera. Me siento de nuevo en el sofá con una copa en la mano mientras ella pone un vinilo de Credence Clearwater Revival.
Se sienta a mi lado y comenzamos a charlar primero sobre amigos comunes, después sobre rock de los años sesenta. Hacemos un par de bromas sobre músicos muertos. Cuando la oigo reir lo único que me apetece es que ria mas. A pesar de que estoy en la casa de una desconocida me siento cómodo. No puedo ver ningún resto de suciedad por ninguna parte y cada cosa tiene su lugar.
Me fijo en un cuadro sobre la pared. Dice que es un Warhol autentico que consiguió en una subasta en Londres con el dinero que habia ahorrado para un coche.
Suena el timbre. Es Coke. Al entrar reparte risotadas, abrazos y besos. Mamen le ofrece un cosmopolitan.
- Que es ¿la cosa esa rosa que estais bebiendo?. Déjate de mariconadas y ponme un vodka con hielo. Joder, que limpio lo tienes todo. Un día tienes que venirte a casa y me la limpias. La casa, digo. Anda ¿Y esa mierda de cuadro? Pensaba que una chica como tú tendría mejor gusto.
Los dos ríen la primera gracia. Lo segundo lo dice en serio, aunque puede que lo primero tambien.
Durante la cena Coke cuenta un chiste sobre la polla mas grande del mundo. A los postres cuenta otro sobre la mayor mierda. Entre plato y plato enciende un cigarro sin pedir permiso, echando la cenica en una copa vacia.
Me despido con el último sorbo de te verde servido en un juego de procelana japonés. Creo que prefiero dejarlos disfrutar de la noche a ellos solos.

Una noche (con adjetivos y gerundios)

La puerta la abre una mujer de unos treinta años rodeada de una impresionante melena pelirroja brillante. “¿Mamen? Hola, soy el amigo de Coke” digo con mi mejor sonrisa. Me invita a pasar amablemente a su casa. “Coke llegará tarde, pero estas en tu casa ¿quieres beber algo? yo voy a tomar un cosmopolitan”. Se lo agradezco y me siento en un cómodo pero pequeño sofá de su apartamento. Cuando se dirige a la cocina veo que viste con una falda negra de tubo por la rodilla, unas medias negras con costura, una camisa de hombre y un chaleco de lana gris.
- Perdona, no me he quitado los zapatos al entrar - digo al ver que va descalza.
Se mira a los pies y sonríe, abre un armario y saca unos zapatos de charol rojos, planos. Se disculpa y dice que con las prisas se olvidó calzarse.
Puedo verla preparando los cocktail detrás de la barra de la cocina americana y la ofrezco mi ayuda. Ella hace la mezcla y yo agito la cocktelera. Me siento de nuevo en el sofá con una copa en la mano mientras ella pone un vinilo de Credence Clearwater Revival.
Se sienta a mi lado y comenzamos a charlar primero sobre amigos comunes, después sobre rock de los años 60. Hacemos un par de bromas sobre músicos muertos. Su risa es agradable. A pesar de que estoy en la casa de una desconocida me siento cómodo. Todo está limpio y bien recogido, no hay nada fuera de su sitio.
Me fijo en un cuadro sobre la pared. Dice que es un Warhol autentico que consiguió en una subasta en Londres con el dinero que había ahorrado para un coche.
Suena el timbre. Es Coke. Entra dando risotadas y saludando efusivamente. Mamen le ofrece un cosmopolitan.
- Que es ¿la cosa esa rosa que estais bebiendo?. Déjate de mariconadas y ponme un vodka con hielo. Joder, que limpio lo tienes todo. Un día tienes que venirte a casa y me la limpias. La casa, digo. Anda, ¿y esa mierda de cuadro? Pensaba que una chica como tú tendría mejor gusto.
Los dos ríen la primera gracia. Lo segundo lo dice en serio, aunque puede que lo primero también.
Durante la cena Coke cuenta un chiste sobre la polla mas grande del mundo. A los postres cuenta otro sobre la mayor mierda. Entre plato y plato enciende un cigarro sin pedir permiso echando la ceniza en una copa vacía.
Me despido con el último sorbo de té verde servido en un juego de porcelana japonés, creo que prefiero dejarlos disfrutando de la noche a ellos solos.

Borges y los adjetivos

Borges decía que hay que usar los adjetivos lo menos posible, y si no se usan en absoluto, mejor. No era el único, muchos autores opinan lo mismo y creo que en clase Sensei Eva alguna vez ha comentado algo. Según esta teoría, el uso del adjetivo restringe el uso de la imaginación del lector y le resta riqueza léxica a la narración. Así no es lo mismo decir "la casa donde vivía era pequeña", en cuyo caso a la imaginación del lector vendrá su estereotipo de casa pequeña. Si lo sustituimos por "la casa donde vivía estaba compuesta por una cocina y un salón que hacia las veces de dormitorio donde a penas podía amontonar las pocas cosas que tenia", lo que hacemos es obligar a la imaginación del lector a ver esa casa, y con las pistas que le hemos dado, que su cerebro construya una casa pequeña. Además, el añadido de palabras podrá hacernos ganar mas dinero en caso de que cobremos por palabra escrita.
Con esto en mente, he preparado un ejercicio. He modificado un texto que tenia plagado de adjetivos, extirpándoselos prácticamente en su totalidad. Me gustaría que comentaseis si habéis apreciado alguna diferencia en el ritmo, la forma de lectura, las imágenes en vuestra cabeza, o cualquier otra cosa que se os ocurra.

Ejercicio sobre el dialogo.

- ¿Cuanto tiempo tenemos antes de la próxima salida? - Preguntó Ángeles a Ulises, que se había sentado en el bordillo de una acera de aquel pueblo.
- Lo siguiente es la procesión, a las doce, así que tenemos un buen rato. - Contestó Ulises con un ojo cerrado porque el sol le cegaba.
- ¿Has practicado alguna cosa?¿Te apetece repasar? -Preguntó ella con voz inquisitiva.
- Si, el solo del vals ¿Quieres ayudarme con él?
- Dale, a ver como lo haces.
Ulises colocó la caña en el clarinete intentando disimular sus nervios. Tocar delante de Ángeles y de sus doce años de experiencia siempre le daba miedo.
- La Fa Mi Re - comenzó a tocar.
- Oye, he estado leyendo lo último que has escrito. La verdad es que da mucha grima.
- Re Mi Fa Re Fa La Si
- Y creo que da tanta grima por que está bien escrito. ¿Nunca has pensado en escribir una historia de amor?
- La Sol Mi Re Do
- No, es Do sostenido ¿De verdad has estudiado?
- Si no me hablases a la vez, sería mas fácil. Y no, no he pensado en escribir historias de amor. Eso me parece una crueldad. Además, tampoco se nada sobre el amor.
- No jodas ¿Escribir de amor es cruel?¿Crees que la gente prefiere leer sobre violencia y soledad antes que sobre amor?
Ulises miró a Ángeles mientras pensaba lo que iba a decir.
- Un día te enamoras y la vida cambia, todo es mas bonito. El clima siempre es bueno, los chicles tienen mas sabor y el detergente lava mas blanco. Pero eso dura justo tres meses. Después te das cuenta de que a veces llueve y ya no es divertido mojarte, y que las manchas de carmín no salen con nada, así que hay que hacer algo, por que te gusta la otra persona de verdad. Y os vais a vivir juntos. Y una mañana te despiertas y la persona que duerme a tu lado es un desconocido, y las ilusiones de los últimos años se van a tomar por culo. Y recordar eso a la gente me parecería muy cruel.
- Oye, pues para no saber nada sobre el amor, parece que sabes mucho. - Dijo Ángeles sarcástica.
- La Fa Mi Re - Continuó Ulises - Además, que coño, si alguien te odia, te das cuenta en seguida, pero si alguien te ama es muy difícil saberlo. El odio no es tan cruel como el amor. Mi Do Mi Si La Sol
- Sol sostenido, el de la escala cromática, este - Dijo Ángeles cogiendo la mano de Ulises para colocarle los dedos sobre el clarinete - ¿De verdad no verías si alguien te ama aunque no te lo diga?
- No. Y tú tampoco.

martes, 21 de diciembre de 2010

Tu serás la única (Parte II)

El agente Rascón dudó un momento antes de llamar a la puerta del despacho del comisario. Cuando lo hizo esperó unos instantes hasta que escuchó que desde el otro lado le daban permiso para entrar. Saludó a su superior y este le hizo una seña para que se sentase, sin quitar los ojos de la pantalla de su ordenador.
- Vas a empezar a trabajar de paisano durante una temporada. Acompañarás a un detective en una investigación.
El agente Rascón no pudo evitar una alegría interior al imaginar que durante los próximos días iba a evitar patrullar las calles o hacer papeleo detrás de un escritorio.
-Así que vete a ponerte de bonito, que nos vamos a misa a que te bendigan el ascenso.
Aquello lo dijo una voz a su espalda que pertenecía a alguien a quien todavía no había visto. Cuando giró la cabeza vio al detective Gregorio Rojas debajo del marco de la puerta de entrada.
- Venga, anda, a ver si te espabilamos un poco. - Sentenció Gregorio.
Después de que el agente se quitase el uniforme y se vistiese con sus ropas de calle, los dos policías se dirigieron en coche hacia la iglesia donde Gregorio Rojas tenía una investigación en curso desde hacía una semana.
- Joder, Gregorio, si que se han dado prisa en volver a abrir la iglesia al culto.
- Pues al día siguiente de quitarle el precinto la volvieron a santificar. Que no está el negocio de los curas como para perder un solo día.
- ¿Vamos a interrogar a alguien?
- Vamos a hacer un repaso del caso. A ver, que tenemos hasta ahora.
- Pues nada. En el confesionario había dos juegos de huellas, una del muerto y otras desconocidas. También encontramos las mismas huellas en varios cajones y una puerta. En el lado del confeso encontramos docenas de huellas, así que no vale de mucho. El cuchillo estaba limpio. La familia del muerto no sabe quien le puede haber matado. Nada hace sospechar que esté metido en nada malo.
Mientras el agente Rascón contaba esto, los dos hombres fueron entrando en la iglesia y se colocaron en la parte de atrás, en un rincón que les permitía dominar la mayor parte del edificio.
- Te has olvidado del sacristán, que tampoco sabe nada.
- Bueno, eso no lo sabia ¿y ahora a quien esperamos?
- Estamos esperando, hermoso.
Los dos hombres quedaron callados en el silencio de la iglesia. La próxima misa era en una hora, y habría confesión y rosario media hora antes, asi que la iglesia permaneció vacía hasta que un cura apareció y se dirigió hacia el confesionario. Unos minutos después empezaron a entrar algunos fieles, que se fueron colocando en los bancos y una de las mujeres comenzó a dirigir el rezo. Otra de las mujeres se dirigió hacia el confesionario. Un rato después volvió a salir y se dirigió a uno de los bancos a cumplir la penitencia. Los dos hombres esperaron pacientemente a que acabase.
- Disculpe, señora - dijo El detective Rojas a la mujer mientras se acercaba a ella con la placa de policía en la mano - ¿ Me permite dos minutos para unas preguntas?
- Pero yo no se nada - Dijo la mujer
- No se preocupe, señora, aún no he preguntado nada, asi que todavia no diga que no sabe nada. ¿Conocía usted al otro Padre?
- Pues si, señor, un buen hombre.
- ¿Y sabe Usted si recibía visitas de alguien?
- Pues oiga usté, yo vengo, confieso y me voy, que no soy una cotilla
- Claro, claro. ¿Y alguien que sea habitual en la confesión?
- Pues los de siempre, oiga. Yo no conozco a nadie. Bueno, está esa mujer que viene mucho por aquí y que se toma confiancitas. Y luego su amigo, que tambien está mucho por aquí, y que es un poco rarito. Que oiga usté, a mi no me da buena espina ese hombre. Y ya no digo mas, que no soy una cotilla.
La mujer dio la espalda a los dos hombres y se marchó dejándolos con mas dudas de las que tenían cuando llegaron.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Noticia importante

Encuentro con Ray Loriga
22 de diciembre
miércoles, a las 20,30h
C/ Francisco de Rojas,2-2ºdcha.
Metro Bilbao o Alonso Martínez

Su nombre completo Jorge Loriga Torrenova(1967) escritor, guionista y director del cine español.

SSSSSnnnnnoSu esc

viernes, 17 de diciembre de 2010

Hasta que las campanas

Hasta que las campanas de pega de la parroquia no anunciaron las doce del mediodía no salió de su estado de estupor. Había pasado solo una hora desde el crimen, pero parecía haber olvidado el cadáver que se encontraba apenas a veinte metros de allí, en la cercana habitación. El cuerpo de quién había sido no solo su alma gemela, sino la persona que le había salvado literalmente la vida, nueve años atrás.

 

Salió renqueando del confesionario, con la sotana demasiado pequeña apretándole el pecho, sin asegurarse siquiera si algún feligrés podría verle.

 

Se deslizó sigilosamente en dirección a la habitación de vestir, y una vez allí cerró la puerta tras de sí. Observó quedamente el cuerpo de su amigo, en su extraña posición de caída, como si alguien adrede lo hubiera colocado así. Pensó si sería mejor volver a vestirle, pero lo descartó inmediatamente. Tenía el rostro de lado, ligeramente hacia abajo, con el pómulo derecho  tocando el suelo, de modo que no podía verlo desde donde estaba. Tendría que agacharse, pero permaneció de pie, impasible. El rostro semioculto y la desnudez del cuerpo le impidieron sentir piedad o algo parecido. Vestido solamente con los calcetines y los calzoncillos no se trataba de su amigo sacerdote muerto, sino de una figura algo irreal, que por su posición parecía querer ir a dar un paso adelante de un momento a otro, como la chica del anuncio de la televisión que dormida parece caminar, saltar y volar tendida sobre su cama. Debería, pero no se paró a pensar porqué desde que se había enamorado de Sonia, Carmelo se le fue haciendo irreconocible. Y ahora, alguien que le planteaba un problema de difícil solución.

 

Abrió los dos primeros cajones de la cómoda, sin propósito real, como obedeciendo una voz interior apenas audible, o tal vez imitando sin querer escenas de viejas películas de cine negro. No halló nada en ellos que le hiciera no cerrarlos. Echó un vistazo más al cuarto donde tantas veces había estado con Carmelo. Tardes enteras, esperando o hablando con su casi único anclaje con el mundo.

 

Era también el sitio donde había conocido a Sonia, hacía casi tres semanas. Era sábado por la tarde y ella golpeó levemente la puerta, susurrando "…Carmelo", "Carmelo…". No había dicho Padre Carmelo, o Padre, simplemente Carmelo. Al principio pensó que se trataba de un familiar, pero cuando observó la sonrisa en la mirada y en los labios supo que la persona que le estaba llamando era algo más que eso, en cierta  forma. Por lo que le había contado de su familia, le extrañaba que una visita de cualquiera de ellos le despertara una reacción así. Le había hablado de sus padres, Claudio y Berta. A su hermano Rafael, su cuñada Nuria, y sus sobrinos, Bruno y Emma, les conocía de las veces que le visitaban, en Navidades.

 

Relato Cura

El padre Carmelo avanzó unos pasos más antes de desplomarse, con la expresión en el rostro de quién ha visto que su mejor amigo y su asesino eran la misma persona.

A los diez minutos de la puñalada mortal su hábito vestía ya el ancho cuerpo del falso sacerdote, quien, ordenado el cuarto de vestir y escondida el arma en una hornacina, esperaba impaciente en el confesionario la llegada de la mujer.

 

Sonia se arrodilló en la desgastada tela del reclinatorio, y le habló a la silueta en la penumbra:

 

-         Padre… Buenos Días Padre. Perdóneme, me ha vuelto a pasar. He tenido otro momento de debilidad…un hombre.

Llevaba más o menos un mes sin confesarse. Se sentía confusa, pero su voz no sonó trémula.

-         Dime, hija mía, cómo ha ocurrido, El Señor sabrá escucharte-.

Impostó la voz cuanto pudo, pero supo que no podría engañarla.

-         ¿Padre Carmelo?.

La voz tan familiar, la cálida voz del Padre Carmelo no era la que le había contestado desde el fondo del habitáculo. La extrañeza le paralizó, y aún así se dispuso a levantarse, al sentirte atrapada.

-         No te asustes, hija. EL padre Carmelo está indispuesto. Yo te tomaré confesión. El Señor te escucha, adelante.

-         Pero…No, no, ya vendré otro día. Disculpe Padre, Gracias, vendré otro día.

-         Como quieras, hija. Lo comprendo. Ven cuando quieras. Estamos contigo, hayas hecho lo que hayas hecho. El Señor no te dejará de su mano.

 

La vio irse, con su abrigo azul y su andar de otro mundo. Se fijó en el pelo, el mismo del que se había enamorado hasta la locura. No le había reconocido. Para ella tal vez fue un romance más,  para él el único. Le había mentido. Le dijo que no se lo contaría a nadie.

 

jueves, 16 de diciembre de 2010

Reto

Dado que he usurpado el argumento del relato que leyó ayer en clase Javier, propongo algo a quien quiera recoger el guante.
Javier dejó un trozo de una trama que yo he comenzado por otro lado, contando la historia de la investigación, así que si a alguien le apeteciese seguir con otros hilos de la trama, como el asesino, el cura o la mujer, tendríamos un relato muy completo. Así que este es el reto: Si alguien escribe un trozo de otro de esos posibles hilos, yo seguiré con la investigación, y así hasta que haya algo completo.
Por supuesto, todos los hilos deben de ser coherentes entre sí.
¿alguien se apunta?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Tú serás la única (Parte I)

- ¿Que tenemos? - Preguntó el detective de policía Gregorio Rojas, que acababa de llegar a la iglesia.
- Pues tenemos a un cura desnudo. El cadáver lo hemos encontrado en la sacristía. Lo apuñalaron con un cuchillo que estaba escondido y en el que están buscando huellas, pero de momento no hay nada. Parece un caso claro de acoso sexual o algo asi. El cura se ha estado apretando a alguien que al final se ha cansado y le han picado el billete. Gregorio, coño, quitate el sombrero que estás en una iglesia.- Dijo el agente Rascón, que ya llevaba un rato en la escena del crimen, y que había estado esperando a Gregorio Rojas en la puerta del edificio.
- ¿Donde está la sacristía?
- Al fondo a la izquierda, pero espérate que están los de la científica y no vamos a caber todos.
- Vale, pues vamos a ver lo que hay por aquí - Dijo el detective comenzando a pasear por el interior del edificio.- ¿Dices que está desnudo?¿del todo?
- No, tiene los calzoncillos y los calcetines puestos. - Dijo el agente Rascón riéndose - Nunca me había imaginado a un cura follando con los calcetines puestos.
Gregorio se quitó el sombrero mostrando su gran calva y miró con fijeza al agente, al que se le cortó la risa como si le hubiesen atravesado el corazón con un picahielos.
- Donde está la ropa del cura.- Dijo con gran seriedad.
- No la hemos encontrado.
- ¿Que?
- Coño, Gregorio, que no la hemos encontrado.
- ¿Y como ha llegado el cura aqui?¿en pelotas? - Dijo el detective claramente enfadado.
- No se a que viene esto.
- Pues viene a que aquí han matado a alguien, así que ya no es un lugar sagrado, por eso yo me quito el sombrero solo si me sale de los cojones. Pero que te rias de un cura muerto por que piensas que era un cerdo no tiene perdón de dios. Y ahora dime como ha llegado un cura desnudo hasta la sacristía.
- Pues al igual intentó follar con alguien y por eso se desnudó, la otra persona le mató y luego le robó la ropa.
- ¿Y para que iba a querer el asesino la ropa de un cura?
- Joder, Gregorio, y yo que se.
Gregorio Rojas quedó en silencio y comenzó a pasear mirando a los diversos agentes que había por todo el edificio. Algunos estaban pasando pinceles por diversas superficies con polvos de varios colores, otros parecían ociosos. El agente Rascón no se separó de él ni un solo instante. En la segunda vuelta que daba se detuvo un momento delante del confesionario. Era uno de esos de nuevo cuño con doble cabina, una para el confesante y otra para el confesor.
- ¿Cuanto lleva muerto?
- ¿Quien?
- Carrancha, no te jode. El cura, quien va a ser.
- Pues una hora y poco.
- ¿Hueles?
- No huelo nada, Gregorio
- Madera de sandalo. Y rosas. Es un perfume de mujer, aunque no tengo ni idea de la marca. ¿Cuando habeis llegado vosotros?
- Pues hace una media hora.
- Por muy bueno que sea un perfume, no creo que ninguno aguante el aroma mas de, digamos, cuarenta minutos. Así que después de haber muerto el cura, alguien estuvo aquí, en el confesionario, confensadose. O escondido. - El detective se dirigió a dos agentes que estaban buscando huellas en una puerta. - Dejad eso y enpolvadme el confesionario entero. No quiero que se os escape ni una pisada de mosca.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Ejercicio sobre el diálogo

Hoy hemos hablado de las funciones del diálogo y de algunas recomendaciones para su uso.

Entre otras cosas hemos insistido en que el diálogo ha de ser natural, imitando al habla, pero aportando la información de forma concreta; que no debe reiterar lo que ya está dicho de otra forma; y que debe ser necesario, tener una intención. Si al omitir un diálogo, la narración sigue funcionando  igual, mejor prescindir de él.

Hemos hablado además del concepto de subtexto; aquello que no se dice en el diálogo pero que se esconde debajo de él. Y apartir de esta noción he mandado un ejecicio para el miércoles. Se trata de escribir una escena dialogada entre dos personajes, en la que uno de ellos o los dos oculten un secreto. Pusimos un ejemplo muy claro. Una conversación entre el marido que acaba de perder el trabajo y la mujer que esconde a su amante en el armario. Supongamos que el marido llega a casa antes de lo previsto y charlan de cualquier tema, mientras ambos ocultan su secreto al otro.

Además he recomendado incluir incisos del narrador para apoyar el diálogo. Estos incisos nos pueden ayudar en nuestro propósito. Fijaos en cómo maneja este recurso Chejov en La Novia.

Hasta el próximo día.

Eva.

jueves, 9 de diciembre de 2010

La muerte también trae sorpresas. Dialogo con un escritor.

Recordé de repente y tras el impacto, que un día escuché contar, que las estrellas fugaces de la noche son ideas que presurosas acuden a la llamada de un escritor, para dibujar con su estela los renglones de una hoja por donde ha de deslizarse el lápiz de la inspiración y transformarse así en palabras.

También oí algún día decir que en el cielo hay un café muy famoso, donde todos los días, a la hora del ángelus, se juntan tus escritores favoritos y que ya nos dejaron, para relatar historias o inventarse personajes que a la postre ellos mismos lanzan al espacio para provecho de quienes frente a una hoja en blanco repetidamente lo sigue intentando.

—Adelante, pase usted, le estaba esperando. —Me dijo un hombre bajito y de bigote a la puerta de aquel concurrido lugar.
—Estaba muy grave en un hospital y ahora no sé donde me encuentro—le conté— necesito hablar con alguien.

Tranquilizándome, nos sentamos en una mesa y encendió un cigarrillo.

—Gracias por el fuego —me dijo.
—Pero si es usted Mario Benedetti —le contesté sorprendido.
—Bienvenido lector, yo ahora se lo explico. 

Julio Rodríguez Díaz
www.relatosyotraspasiones.com

sábado, 4 de diciembre de 2010

Un día de mi vida (version 1)

Abro los ojos a las seis y media. El despertador no ha sonado y ahora ando corto de tiempo, tengo que elegir entre desayunar o ducharme. Si elijo no hacer lo segundo puede que alguien de mi oficina se lo huela, pero si elijo no desayunar voy a andar con la tensión baja hasta que consiga comer algo. Me detengo a pensar y me doy cuenta de que el el despertador de respaldo tampoco ha sonado y Hifumi tampoco ha venido a llamarme. Miro mi reloj de pulsera y veo que son las cinco y media. El día anterior se fue la luz y debí equivocarme al poner la hora. Tengo cuarenta y cinco minutos mas para dormir.
Ahora si, suena el despertador. Me levanto, me ducho y después voy a la cocina. Pongo dos rebanadas de pan en la tostadora, abro la nevera pero no encuentro leche, he olvidado comprarla, exactamente igual que el café. Les pongo nocilla a las tostadas y me las como acompañadas de te. El día no empieza demasiado bien. Termino de vestirme y cargo la pipa con tabaco inglés mientras bajo por la escalera, cuando llego al portal me detengo un minuto a encenderla.
Camino durante uno rato y me cruzo con otro hombre fumando en pipa. Al cabo de un tiempo vuelvo a ver a otro fumador que me mira y hace una gran boluta de humo, a la que yo respondo con otra. La coincidencia llama mi atención así que empiezo a darle vueltas a una idea "a las siete de la mañana tres fumadores de pipa caminan por las calles de Madrid, pero solo uno de ellos lo sabe". Creo que puedo construir algo con esto.
Llego a la oficina y robo una cápsula de café antes de que llegue alguien mas. Empiezo a trabajar en un nuevo proyecto y la jornada pasa sin darme cuenta.
Salgo de la oficina y voy a casa de Tora, hoy da una fiesta de despedida. Aprovecho el camino para hacer dos llamadas de teléfono.
En su casa, Tora me prepara ramen para comer, aunque son las cinco de la tarde aun no he probado bocado. Una hora después voy a buscar a Beto. De vuelta en casa de Tora nos damos cuenta de que no tenemos abre botellas al intentar abrir la primera cerveza, así que montamos una expedición de búsqueda.
A las siete llega Rioko, abrimos la segunda cerveza.
A las ocho, con la tercera cerveza, se presenta Wakako.
A las ocho y cuarto viene Manuel, con quien abrimos la cuarta cerveza.
A las nueve conocemos al contingente europeo, compuesto por una alemana y dos holandeses, que saludan y se vuelven a marchar, todos excepto la alemana.
La noche va bien. Hablo en Japones con las japonesas, en ingles con la alemana y en español con los españoles. No hay quinta cerveza, pasamos a cava toledano y a umeshu, un licor de ciruelas japones. Después de dos rondas hablo en ingles con las japonesas, japones con los españoles y español con la alemana.
No se en que momento decidimos ir a una taberna irlandesa que cierra a las tres y que esta a cien metros. Hemos sobrevivido Tora y todo el contingente español. Semejante logro merece ser celebrado con un Gin tonic. Al acabar nos preparamos para ir a tomar un chocolate con churros a San Ginés, aunque el cansancio hace que yo cause baja.
Desde la cama miro el despertador, marca las tres y media, aunque no estoy seguro de que sea verdad.

jueves, 2 de diciembre de 2010

la 3ª colina a lo lejos

Disculpar mi ignorancia en estas lides.
Quería compartir unas poesías que escribí hace un tiempo
 
 
Cómo pasan las horas

Como rayos rugientes que atravesaran

Los vastos campos cósmicos para ir a caer aquí

Donde lentamente mi mano busca entre tus dedos

La vida. Y los quemara, indolente, insolentemente

Yo he decirte, ahora que aún atisbo algo de claridad

Entre el general derrumbe en que se transforma todo

Que ideas como ésta, como esta burda metáfora

Son más de verdad que yo mismo, que las creo

Porque al Tiempo, o bien se le anteponen juegos ocres

Para despecho de los inocentes que no se tienen solos

O bien queda solo los lentos y leves murmullos, como ayer

En los oscuros y recónditos espacios donde te vi besar

Para ya nunca más poder deshacer esa imagen. Eras,

Lo recuerdo aún, a favor no en tu contra los años transcurridos,

Como una certera y distinta emanación de verdad.

 

 

A la niña que juega sola con sus caracolas en la arena

Le gustan las rutas movedizas que deja el agua en los surcos que ella crea

A la niña que ahora mira acercarse a su madre

Mientras sueña, decirle aquí, a lo lejos, que en su sueño yo me mezo

Que en su dulce y poderoso juego un mundo que ahora nace

Escala y se esconde, entre imposibles pasadizos, entre escaleras de colores

Que llevan donde terminan sus deseos.

Ahora llega la madre, una fértil figura

Una señora, con la merienda de la niña en la mano.

 Es el néctar con que crecen los olvidados dioses del Olimpo

 Los mismos que enredan cada tarde

En el parque infantil de debajo de mi casa.

 

 

Al niño, que entre un temblor y otro, su rostro azul

De estrépito y ruido, su andar inseguro, y su juego aciago

Componen su figura hecha de llanto y juego, decirle solo

Que, aquí, donde renace cada tarde el soplo del silencio

Que deja en el aire su ausencia, de remota niñez desvanecida

Las calles no saben a lo mismo sin él, ni las plazas son

Aquellas ágoras de ensueño y algodonosos adoquines

Donde nos rompíamos los huesos con requiebros de balón

Y otras andanzas, a cada cual más loca, mas repleta

De ansía de vivir, de estreno cotidiano de aventura nueva

Ya el invierno calló como un espeso telón de blancura

Y silencio. Te esperamos, te espera el verano para serlo.

 

 

 

 

colinas a lo lejos

colinas a lo lejos